¿Qué es lo que se escucha decir sobre una persona que está estudiando Medicina? “Qué padre que tenga vocación para estudiar algo tan noble y difícil” ¿Al Administrador? “Va a irle muy bien, es muy bueno para las relaciones sociales” ¿Al ingeniero? “Que inteligente…” ¿Al arquitecto? “Qué bien…” … y así podría continuar porque el mundo quiere escuchar e imaginar la utopía de que la carera elije tu vida, tu trabajo y tus pasiones.

Cuando he dicho que estudio Contaduría Pública y Finanzas a la gente le da hueva, y nunca nadie me ha hecho un solo comentario positivo. Incluso a mis papás les costó entender el alcance de esa disciplina. Porque al final, ¿qué tiene que hacer estudiando algo tan vanal una persona que ama el arte, ha hecho teatro, le gusta cantar, escribió un libro a los 19 años y ha ganado premios en debates de relaciones internacionales? ¿Quién estudia algo tan vanal como números?

Caras decepcionadas, preguntas ilógicas y reprobación es lo que he recibido de mis amigos y conocidos desde que decidí estudiar esto. Hasta quienes se dedican a los negocios no entienden por qué alguien estudiaría eso ni quieren enterarse. Sin embargo, nadie sabe todo lo que me ha dejado esta carrera.

Cada vez que paso por la calle y veo a una mujer o niño pidiendo limosna, desespero por la impotencia de no poder ayudarlos. Cada vez quisiera tener la oportunidad de ofrecerles un trabajo bien pagado y una buena educación para sus hijos. Cada vez pienso en que todo lo que haga debe encausarse a poder otorgar esa oprtunidad algún día.

Los negocios, a diferencia de lo que la gente piensa, no es sentarse detrás de un escritorio tachando montañas de papeles ni jugando al golf con los clientes para cerrar un trato. Se trata de una ciencia que involucra entidades vivas que son base de la economía de nuestro mundo: las empresas. Tal y como el de un médico que alcanza a ser experto en el funcionamiento del cuerpo humano, pudiendo diagnosticar y recetar soluciones para los problemas o simplemente procurando el desarrollo integral de la persona, igual de importante es el conocimiento de un profesional en el funcionamiento de la empresa. Por ello sé que no existe una carrera como la mía para conocer mejor el funcionamiento del negocio. Porque no estudia los números ni se dedica a “contarlos”, estudia el significante de estos -ojo, no dije significado-, su interpretación y el complejo lenguaje que conforman. La operación diaria, la inversión y el financiamiento sólo son comprendidos plenamente por un contador de este tipo.

El reto de ser un experto en todo esto es tan difícil y solitario que el éxito en lo que hagamos se vuelve doblemente satisfactorio. Con toda honestidad pregúntense: ¿Quién me va a creer? ¿Los administradores que se adjudican tales capacidades? ¿Los vanidosos abogados orgullosos de sus leyes en sus cabezas? ¿Los médicos aquí ofendidos por la analogía presentada? No, por desgracia se trata de una verdad que sólo unos pocos admitimos, pero los suficientes para permitirnos hacer lo que queramos.

Yo no he dejado de escribir. Heme aquí disfrutando del arte más hermoso. Apenas hace unos meses estuve en un maravilloso musical donde canté, actué y bailé y pude sorprender a mucha gente que tenía una idea incorrecta de mi personalidad. Ahora más que nunca, las habilidades que desarrollé por muchos años en oratoria y escritura me ayudan a ser un eficiente comunicador de ideas, y me dieron toda la confianza que necesito para alcanzar mis metas. Mi carrera no me ha definido como persona, y a quien lo haga lo compadezco, sino que la realidad es al revés. Todo lo que soy me ha permitido convertirme en alguien tan diferente al promedio de gente que estudia negocios, porque no sabe qué quiere hacer de su vida, que podré contribuir a cambiar la imagen de esta carrera y a aprovechar lo que aprenda para probar que los hombres de negocios podemos ser diferentes. Pero sobre todo, podré demostrar que poseo una característica que deberíamos tener todos, especialmente quienes estudiamos ciencias administrativas: el deseo de cambiar al mundo. Porque en él no hay nada con la capacidad de transformar positivamente su alrededor como la tiene una empresa, y yo quiero ser el mejor conocedor de las ciencias que la estudian.

Que el mundo siga escéptico, yo seguiré estudiando la Licenciatura en Contaduría Pública y Finanzas.

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