De otro ciudadano que sólo puede creer en sí mismo.

Ciudadano Fer

Esta semana, una de las personas que más he admirado en toda mi vida, admitió haber consumido sustancias ilegales para mejorar su rendimiento en el deporte; me refiero señoras y señores al ex-ciclista estadounidense Lance Armstrong. ¿Por qué lo admiraba? Bueno, para el que no sabe quién es Armstrong les contaré un poco sobre él. Fue (y digo fue porque aparte de que ya se retiró, ha sido suspendido de por vida de poder participar en cualquier competencia deportiva) un ciclista, creíamos muchos, excepcional. Después de que se le detectó un cáncer testicular en 1996 (apenas a sus 25 años de edad) que había hecho metástasis en el cerebro y los pulmones, y que además trajo como consecuencia la extirpación de uno de sus testículos, Lance se recuperó de manera estoica y continuó compitiendo para ganar varios títulos. Sin embargo, lo que le hizo ganarse la admiración y el respeto…

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About. Plants Vs. The Climate Change, porque aún no sé de qué otra forma nombrarlo.

Un poco sobre el proyecto que tengo en mente..

¿Qué es lo que se escucha decir sobre una persona que está estudiando Medicina? “Qué padre que tenga vocación para estudiar algo tan noble y difícil” ¿Al Administrador? “Va a irle muy bien, es muy bueno para las relaciones sociales” ¿Al ingeniero? “Que inteligente…” ¿Al arquitecto? “Qué bien…” … y así podría continuar porque el mundo quiere escuchar e imaginar la utopía de que la carera elije tu vida, tu trabajo y tus pasiones.

Cuando he dicho que estudio Contaduría Pública y Finanzas a la gente le da hueva, y nunca nadie me ha hecho un solo comentario positivo. Incluso a mis papás les costó entender el alcance de esa disciplina. Porque al final, ¿qué tiene que hacer estudiando algo tan vanal una persona que ama el arte, ha hecho teatro, le gusta cantar, escribió un libro a los 19 años y ha ganado premios en debates de relaciones internacionales? ¿Quién estudia algo tan vanal como números?

Caras decepcionadas, preguntas ilógicas y reprobación es lo que he recibido de mis amigos y conocidos desde que decidí estudiar esto. Hasta quienes se dedican a los negocios no entienden por qué alguien estudiaría eso ni quieren enterarse. Sin embargo, nadie sabe todo lo que me ha dejado esta carrera.

Cada vez que paso por la calle y veo a una mujer o niño pidiendo limosna, desespero por la impotencia de no poder ayudarlos. Cada vez quisiera tener la oportunidad de ofrecerles un trabajo bien pagado y una buena educación para sus hijos. Cada vez pienso en que todo lo que haga debe encausarse a poder otorgar esa oprtunidad algún día.

Los negocios, a diferencia de lo que la gente piensa, no es sentarse detrás de un escritorio tachando montañas de papeles ni jugando al golf con los clientes para cerrar un trato. Se trata de una ciencia que involucra entidades vivas que son base de la economía de nuestro mundo: las empresas. Tal y como el de un médico que alcanza a ser experto en el funcionamiento del cuerpo humano, pudiendo diagnosticar y recetar soluciones para los problemas o simplemente procurando el desarrollo integral de la persona, igual de importante es el conocimiento de un profesional en el funcionamiento de la empresa. Por ello sé que no existe una carrera como la mía para conocer mejor el funcionamiento del negocio. Porque no estudia los números ni se dedica a “contarlos”, estudia el significante de estos -ojo, no dije significado-, su interpretación y el complejo lenguaje que conforman. La operación diaria, la inversión y el financiamiento sólo son comprendidos plenamente por un contador de este tipo.

El reto de ser un experto en todo esto es tan difícil y solitario que el éxito en lo que hagamos se vuelve doblemente satisfactorio. Con toda honestidad pregúntense: ¿Quién me va a creer? ¿Los administradores que se adjudican tales capacidades? ¿Los vanidosos abogados orgullosos de sus leyes en sus cabezas? ¿Los médicos aquí ofendidos por la analogía presentada? No, por desgracia se trata de una verdad que sólo unos pocos admitimos, pero los suficientes para permitirnos hacer lo que queramos.

Yo no he dejado de escribir. Heme aquí disfrutando del arte más hermoso. Apenas hace unos meses estuve en un maravilloso musical donde canté, actué y bailé y pude sorprender a mucha gente que tenía una idea incorrecta de mi personalidad. Ahora más que nunca, las habilidades que desarrollé por muchos años en oratoria y escritura me ayudan a ser un eficiente comunicador de ideas, y me dieron toda la confianza que necesito para alcanzar mis metas. Mi carrera no me ha definido como persona, y a quien lo haga lo compadezco, sino que la realidad es al revés. Todo lo que soy me ha permitido convertirme en alguien tan diferente al promedio de gente que estudia negocios, porque no sabe qué quiere hacer de su vida, que podré contribuir a cambiar la imagen de esta carrera y a aprovechar lo que aprenda para probar que los hombres de negocios podemos ser diferentes. Pero sobre todo, podré demostrar que poseo una característica que deberíamos tener todos, especialmente quienes estudiamos ciencias administrativas: el deseo de cambiar al mundo. Porque en él no hay nada con la capacidad de transformar positivamente su alrededor como la tiene una empresa, y yo quiero ser el mejor conocedor de las ciencias que la estudian.

Que el mundo siga escéptico, yo seguiré estudiando la Licenciatura en Contaduría Pública y Finanzas.

Just say hi! 😀

Uwana

My baby girl says, “Hieee” to everyone she meets.

When we’re out and about, she flashes her 8 pearly whites and insists that every passers-by return her enthusiastic, “hieee!” Sometimes people are intrigued and engage in conversation. Other times they appear shy, or even uncomfortable, and try to avoid eye contact. But nothing deters my baby girl; she’s this unstoppable bundle of friendliness.

So this got me thinking, “What makes people suspicious of friendliness?” And do I have the guts to say “hello” to everyone I meet?

Now, I grew up in a small, hi-saying town in Africa, where people loved greeting each other with handshakes, fist bumps, hugs, kisses, hi-fives, or jolly “hellos.” In fact, it was considered rude to ignore a passer-by; you were deemed arrogant or a show-off.

Fast forward several years and I found myself living in North America, where people were generally more reserved and prided their…

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This is, by far, very similar to how I feel.

We Professional Liars

Today, George Lucas sold Star Wars.

In retrospect, it feels inevitable. The real story of Star Wars for a long time now has been the story of a business enterprise (Lucasfilm, to be more precise). It has been the saga of merchandising rights, of toy lunch boxes, of animated spin-offs, of poorly-conceived prequels. So of course the end of this chapter would be its sale for a staggering amount of money ($4 Billion, if you’re counting). Has one story ever made an artist as rich as Star Wars has made George Lucas?

I don’t know how to feel about this news. While Star Wars has transformed into an enormous, sprawling franchise, we still care about it. I know I do. That’s because, at its core, there is a great story there. A young warrior, an impossible quest, a charming rogue, a beautiful woman, a wise teacher and a fallen…

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Worth a minute or two 🙂

Lost in Grey Matter

So, you probably heard the news yesterday that George Lucas sold Star Wars, otherwise known as LucasFilm to Disney yesterday for an impressive $4.05 billion. With that came news that Disney was already beginning work on an Episode 7, due for release in 2015.

Let me start by saying how enormous of a Star Wars fan I am. Aside from the toys, the customizable card game, the novels, and yes, the now famous Darth Vader cardboard cutout that sits in my living room, Star Wars has always been an important anchor for me. The stories provide a valuable connection back to my childhood, reminding me of what it feels like to be completely immersed in my own imagination.

In my (more) adult years, the stories themselves have served as introductions into the wisdom of comparative mythologist, Joseph Campbell and his work on the hero archetype and the hero’s journey, from…

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